domingo, 3 de octubre de 2010

Un cuento: Amigarnos con nuestras "imperfecciones"

Con mucha frecuencia las buenas personas, -aquéllas verdaderamente valiosas-, suelen ser más duras consigo mismas que con cualquier otro: les cuesta disculparse sobre su pasado y su presente, les duelen sus propias falencias, sus "imperfecciones", y se torturan con ellas, apenándose y hasta avergonzándose de ser quienes son. Tienen un alto ideal de sí mismos y se sienten "fallados" si no lo despliegan tal cual lo imaginan. Descubrir esto es un paso esencial en el trabajo sobre sí: darse cuenta de que esos "defectos" son parte de nuestra identidad, y que necesitamos aceptarlos para que, recién entonces, puedan empezar a jugar a favor en nuestro camino cotidiano.

Aquí va un antiguo cuento que nos habla de esto...
Un aguador de la India tenía sólo dos grandes vasijas que colgaba en los extremos de un palo y que llevaba sobre los hombros. Una tenía varias grietas por las que se escapaba el agua, de modo que al final de camino sólo conservaba la mitad, mientras que la otra era perfecta y mantenía intacto su contenido. Esto sucedía diariamente. La vasija sin grietas estaba muy orgullosa de sus logros pues se sabía idónea para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba avergonzada de su propia imperfección y de no poder cumplir correctamente su cometido. Así que al cabo de dos años le dijo al aguador:

-Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir por tu trabajo.

El aguador le contestó:

-Cuando regresemos a casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.

Así lo hizo la tinaja y, en efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo de la vereda; pero siguió sintiéndose apenada porque al final sólo guardaba dentro de sí la mitad del agua del principio.

El aguador le dijo entonces:

-¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Quise sacar el lado positivo de tus grietas y sembré semillas de flores. Todos los días las has regado y durante dos años yo he podido recogerlas. Si no fueras exactamente como eres, con tu capacidad y tus limitaciones, no hubiera sido posible crear esa belleza. Todos somos vasijas agrietadas por alguna parte, pero siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.







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