sábado, 18 de enero de 2014

NADA

Hoy de alguna manera sos parte importante de mi vida. Algo que no quiero perder, alguien a quien no quiero perder. Estoy segura que después del sexo, ya no habrá nada. Y yo, ¿que voy a ser? Mejor dicho, después de eso voy a ser nada.
Mi amante matemática me dijo una vez que la nada no existe, que es polisémica. La filósofa, tal vez entusiasmada con Heidegger o Sartre, me dijo que era una cosa, me aturdió con la existencia humana y el dolor. La pintora me habló de su bloqueo, del lienzo pintado de negro porque no hay nada hasta que haya algo. La escritora, citándome paradójicamente a Munch, se regodeó con la angustia y también me recordó a Cioran.
Mi ex mujer, la analista lacaniana, después del amor, mirando el techo y fumando exclamó el amor (sujeto a), es decir nada. Me faltan los dichos de la cineasta, la mística, la socióloga, la actriz, la estudiante, la agnóstica, la suicida, la gay, la frívola, la obsesiva compulsiva, la maníaco depresiva, la histérica de libro, bueno, en fin. 
Nunca me dejaron decir a mi lo que creía de la nada. O yo no quise decirlo o no me atreví. Tendría que haber hablado del amor, la locura y la muerte pero escucharlas era muy excitante y no era cuestión de polemizar argumentando mi contradictorio escepticismo.
Hasta que llegó ella, irrumpió en mi vida y la giró por completo. Me hizo sentir hombre, libre, joven, adorado. Y yo sólo quería amarla, cuidarla, protegerla, divertirla, hacerla sentir mujer. Como nunca se había sentido.
Eso, para mi lo era todo.

De J.Marin




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