Las relaciones no se fortalecen solo por el cariño que existe entre dos personas, sino también por el respeto a los límites, los roles y las responsabilidades de cada uno. Cuando cada persona reconoce su lugar, evita cargar con lo que no le corresponde y permite que el otro haga lo mismo, el vínculo se vuelve más equilibrado, estable y sano. Desde esta mirada, el afecto encuentra un espacio donde puede crecer sin confundirse con el control, la dependencia o el sacrificio excesivo.
Bert Hellinger

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