lunes, 14 de septiembre de 2026

LLEVAR EL NOMBRE DE UN ANTEPASADO

 Si te llamas igual que tu padre, madre, hermano fallecido o llevas el nombre de un antepasado, quizás estés cargando con el peso de su vida sin saberlo.

Para muchas familias poner el nombre de un familiar, del padre o abuelo, es un honor y una tradición para muchas familias que actúan como clanes.

En el inconsciente, por ejemplo, llevar el nombre del padre, habla de la necesidad de integración al nuevo miembro a través de este acto, así como también de una forma de recordar a quienes fueron o son importantes en nuestra vida.

Pero ponerle el nombre de un antepasado a un recién nacido, trae consigo una serie de cargas.

Cuando le ponemos el nombre a un hijo(a), debemos saber que junto con él, le pasamos una identidad.

Evitemos los nombres de los antepasados, de antiguos novios o novias, de personajes históricos o novelescos.

Los nombres que recibimos, son cómo contratos inconscientes que limitan nuestra libertad y condicionan nuestra vida.

¿Cuál es concretamente el efecto de repetir los nombres?

Los nombres actúan como fotocopias y al ser repetido, se devalúa y pierde fuerza.

Además de mencionar que en la repetición, está el riesgo de ser:

"Un árbol que da frutos" o bien, "plantas venenosas”

Para entender mejor la teoría, hay que explicar que los nombres, tienen una vibración o fuerza.

Si ponemos el nombre de un hermano muerto a un(a) bebé, estamos en realidad dejando en el recién nacido la carga de ser como aquel hermano.

Además, si el nombre que ponemos tiene una historia de depresión, sumamos esa carga a la nueva persona.

La elección del nombre para el/la bebé, es algo que debe llegar a ambos padres de manera intuitiva; no ser repetido, sino darle la oportunidad de comenzar algo nuevo.

No obstante, también entrega pautas de cómo mejorar esta situación para quienes ya están con este problema y sienten que están repitiendo la misma historia.

Si el nombre que tenemos, trae consigo una carga demasiado fuerte, lo ideal es atreverse a cambiarlo, o bien, usar el segundo nombre.

De esa manera, reducimos los riesgos de llevar con nosotros una carga o repetir la historia vivida por nuestros antepasados.


Alejandro Jodorowsky