lunes, 7 de septiembre de 2015
Henry Miller
"Soy un hombre que desearía vivir una vida heroica, hacer el mundo más soportable a su vista. Si en algún momento de debilidad, de relajación, de necesidad, me desahogo dejando escapar un poco de cólera ardiente cristalizada en palabras -un sueño apasionado, envuelto y atado en imágenes- entonces... tómenlo ó déjenlo... ¡pero no me molesten!"
"Soy un hombre libre... y necesito mi libertad. Necesito estar solo.
Necesito meditar sobre mi vergüenza y mi desesperación en soledad; necesito el sol y los adoquines de las calles sin compañía, sin conversación, cara a cara conmigo mismo, con la compañía exclusiva de la música de mi corazón.
¿Qué quieren de mí?. Cuando tengo algo que decir, lo digo. Cuando tengo algo que dar lo doy.
¡Su inquisitiva curiosidad me revuelve el estómago! ¡Sus cumplidos me humillan! ¡Su té me envenena! No debo nada a nadie. Sólo sería responsable ante Dios... ¡Si existiera!.
"Soy un hombre libre... y necesito mi libertad. Necesito estar solo.
Necesito meditar sobre mi vergüenza y mi desesperación en soledad; necesito el sol y los adoquines de las calles sin compañía, sin conversación, cara a cara conmigo mismo, con la compañía exclusiva de la música de mi corazón.
¿Qué quieren de mí?. Cuando tengo algo que decir, lo digo. Cuando tengo algo que dar lo doy.
¡Su inquisitiva curiosidad me revuelve el estómago! ¡Sus cumplidos me humillan! ¡Su té me envenena! No debo nada a nadie. Sólo sería responsable ante Dios... ¡Si existiera!.
Silencio
No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar, quédate mudo:
que un silencio sin fin sea tu escudo
y al mismo tiempo tu perfecta espada.
No llames si la puerta está cerrada,
no llores si el dolor es más agudo,
no cantes si el camino es menos rudo,
no interrogues sino con la mirada.
Y en la calma profunda y transparente
que poco a poco y silenciosamente
inundará tu pecho de este modo,
sentirás el latido enamorado
con que tu corazón recuperado
te irá diciendo todo, todo, todo.
Francisco Luis Bérnardez
domingo, 6 de septiembre de 2015
Trópico de Cáncer (Fragmento II)
En un tiempo pensaba que ser humano era el objetivo más alto que podía tener un hombre, pero ahora veo que estaba destinado a destruirme. Hoy me siento orgulloso al decir que soy inhumano, que no pertenezco a los hombres ni a los gobiernos, que no tengo nada que ver con credos ni principios. No tengo nada que ver con la maquinaria crujiente de la humanidad: ¡pertenezco a la tierra! Digo esto con la cabeza reclinada en la almohada y siento los cuernos que me brotan en las sienes.
(...) ¡Soy inhumano! Lo digo con una sonrisa demente, alucinada, y seguiré diciéndolo aunque lluevan cocodrilos. Tras mis palabras se encuentran todas esas calaveras siniestras que sonríen y miran de reojo, unas muertas y sonriendo hace mucho tiempo, otras sonriendo como si tuvieran trismo, otras sonriendo con la mueca de una sonrisa, el sabor anticipado y las consecuencias de lo que ocurre siempre.
Más clara que nada veo mi propia calavera sonriente, veo el esqueleto bailando al viento, serpientes saliendo de la lengua podrida y las ampulosas páginas de éxtasis sucias de excrementos.
Codo a codo con la raza humana corre otra raza de seres, los inhumanos(...) Lo veo cuando se arrancan el cabello en su esfuerzo por comprender, por aprehender lo que es eternamente inalcanzable, lo veo cuando braman como bestias enloquecidas y se precipitan dando cornadas, veo que está bien y que no hay otro camino. Un hombre que pertenezca a esa raza ha de subir al lugar más alto y arrancarse las entrañas, mientras pronuncia palabras incoherentes. ¡Está bien y es justo, porque debe hacerlo! Y todo lo que se quede corto con respecto a ese espectáculo espantoso, todo lo que sea menos escalofriante, menos aterrador, menos demencial, menos embriagado, menos contagioso, no es arte.
El resto es falso. El resto es humano. El resto corresponde a la vida y a la ausencia de vida.
Una de las emociones que más daño le hace a nuestra Venus, es la culpa. Sentir culpa es no poder disfrutar. Sentir culpa es obrar desde esa emoción y no desde la autenticidad. Sentir culpa o general culpa en otros es un acto de manipulación. Fuimos criados en una sociedad que nos ha dicho que todo es "por mi culpa, por mi gran culpa" y había que golpearse en el pecho mientras repetíamos esa frase. Y quedó tan instalada que cuando algo "demasiado bueno" nos sucede, no podemos disfrutarlo porque sentimos culpa, y pensamos que debería llegar algo malo para compensar tanta alegría. Nos da culpa comer algo rico, por la dieta, comprarnos algo y darnos un placer, nos da culpa que nos vaya bien y compartirlo, por si a alguien le hace mal, nos da culpa un logro si el otro no ha llegado a esa meta. Nos da culpa salir a disfrutar si alguien cercano está enfermo, nos da culpa ser felices, estar bien y alegres, y pareciera que hay que justificar la alegría o el logro con algún comentario que compense y transmita esfuerzo, al estilo "sí, lo logré, pero no sabés lo que me costó". Y si no me costó? y si lo disfruté? Queda mal decirlo. Queda mal aceptar un halago, un regalo, un piropo, una felicitación, un obsequio, sin el humilde "no te hubieras molestado", cuando es algo hermoso que alguien haya pensado en nosotros, lo cual bien sabemos no es ninguna molestia.
Es hora de dejar atrás la culpa instalada en nuestro ADN colectivo y social, transmitido transgeneracionalmente, es hora de re-educarnos a nosotros y dar un ejemplo de disfrute sano.
Esta semana, que los disfrutes abunden, y que sean sin ninguna culpa. No sólo los grandes disfrutes sino también los pequeños. Busquemos disfrutes de calidad. No importa la cantidad. Un ratito al Sol, un café, un matecito con un libro, un beso, un abrazo, una sonrisa, un Gracias, y todo aquello que hace nuestros días más plenos.
Fuente: Julieta Valente
Es hora de dejar atrás la culpa instalada en nuestro ADN colectivo y social, transmitido transgeneracionalmente, es hora de re-educarnos a nosotros y dar un ejemplo de disfrute sano.
Esta semana, que los disfrutes abunden, y que sean sin ninguna culpa. No sólo los grandes disfrutes sino también los pequeños. Busquemos disfrutes de calidad. No importa la cantidad. Un ratito al Sol, un café, un matecito con un libro, un beso, un abrazo, una sonrisa, un Gracias, y todo aquello que hace nuestros días más plenos.
Fuente: Julieta Valente
Los Justos, Jorge Luis Borges
Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.
Primavera. Fertilidad. Tierra húmeda que recibe semillas. Vamos lentamente sintiendo como los brotes emergen, los pétalos se abren y tímidamente saliendo de nuestro letargo, salimos al Sol.
A veces nos sentimos áridos, infértiles, porque no estamos creando. Somos naturalmente creativos, curiosos, sanos y vivaces. Tan creativos como la Naturaleza, que nos sorprende a diario con sus formas, colores, olores y texturas. Es momento de sentirnos y vivirnos a color, es momento de conectarnos con ese centro de Poder que vibra alto, que se activa y que gira sin parar. Hoy, al Sol, con la ayuda de nuestro dios Apollo, con Ra, con Inti, nos preparamos para activar todos nuestros chakras. Hoy, nos llenamos de vida, abundamos en energía y nos limpiamos profundamente. Que la luz solar penetre en cada poro limpiando tristezas, oscuridades y angustias, que el Sol transmute todo. Así como los niños de la carta ,desnudos al sol, permitamos que los rayos entren y aclaren todo.
Fuente Julieta Suarez Valente
A veces nos sentimos áridos, infértiles, porque no estamos creando. Somos naturalmente creativos, curiosos, sanos y vivaces. Tan creativos como la Naturaleza, que nos sorprende a diario con sus formas, colores, olores y texturas. Es momento de sentirnos y vivirnos a color, es momento de conectarnos con ese centro de Poder que vibra alto, que se activa y que gira sin parar. Hoy, al Sol, con la ayuda de nuestro dios Apollo, con Ra, con Inti, nos preparamos para activar todos nuestros chakras. Hoy, nos llenamos de vida, abundamos en energía y nos limpiamos profundamente. Que la luz solar penetre en cada poro limpiando tristezas, oscuridades y angustias, que el Sol transmute todo. Así como los niños de la carta ,desnudos al sol, permitamos que los rayos entren y aclaren todo.
Fuente Julieta Suarez Valente
jueves, 3 de septiembre de 2015
Charles Bukowski
Confesión
Esperando la muerte
Como un gato
Que va a saltar sobre
La cama
Me da tanta pena
Mi mujer
Ella verá este
Cuerpo
Blanco
Rígido
Lo zarandeará una vez y luego
Quizás
Otra:
Hank no
Responderá.
No es mi muerte lo que
Me preocupa, es mi mujer
Que se quedará con este
Montón de
Nada.
Quiero que
Sepa
Sin embargo
Que todas las noches
Que he dormido a su lado
Incluso las discusiones
Más inútiles
Siempre fueron
Algo espléndido
Y esas difíciles
Palabras
Que siempre temí
Decir
Pueden decirse
Ahora:
Te amo.
Esperando la muerte
Como un gato
Que va a saltar sobre
La cama
Me da tanta pena
Mi mujer
Ella verá este
Cuerpo
Blanco
Rígido
Lo zarandeará una vez y luego
Quizás
Otra:
Hank no
Responderá.
No es mi muerte lo que
Me preocupa, es mi mujer
Que se quedará con este
Montón de
Nada.
Quiero que
Sepa
Sin embargo
Que todas las noches
Que he dormido a su lado
Incluso las discusiones
Más inútiles
Siempre fueron
Algo espléndido
Y esas difíciles
Palabras
Que siempre temí
Decir
Pueden decirse
Ahora:
Te amo.
Eduardo Galeano - "El libro de los abrazos"
"Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare.
Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea.
Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás,
alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada"
Todos....
Si siempre dices sí a los demás, quizás te digas no a ti mismo
¿En cuántas ocasiones te has visto haciendo algo que no querías hacer por miedo a lo que otros puedan pensar de ti?
Ser colaborativo, ayudar de vez en cuando o hacer un favor está muy bien siempre que salga de uno mismo y porque nos apetece.
Si no practicásemos algunas veces el “hoy por ti y mañana por mí”, las relaciones sociales seguramente quedarían muy deterioradas, pero como todo en la vida, el equilibrio es esencial y todo tiene un límite.
El problema es que a veces nos pasamos, y llegamos a decir que sí a todo lo que los demás nos piden, proponen o incluso imponen, y es aquí cuando nos perdemos a nosotros mismos, dejando de lado nuestros deseos y nuestros criterios.
En el fondo, este comportamiento se produce por el miedo al rechazo o a que los demás no nos aprueben o acepten.
Ser aprobado y no rechazado es, evidentemente, algo deseable y agradable. Si en los tiempos de las cavernas el grupo nos hubiese rechazado, habríamos sido fácilmente devorados por las fieras.
Por lo tanto, tiene su ventaja evolutiva que ha quedado grabada en nosotros como una huella que sigue haciéndonos actuar de una forma que hoy en día ya no nos beneficia. Para liberarse de este comportamiento, hemos de practicar la asertividad.
La asertividad es la capacidad de expresar nuestros derechos, opiniones, deseos…de una forma directa y congruente sin herir los derechos de los demás.
Aprender a decir que no, es esencial para empezar a dejar de faltarnos al respeto a nosotros mismos
Es cierto que a veces nos puede resultar muy difícil dar como respuesta un no a alguien que nos está demandando algo, pero es solo por la absurda idea de que “debo agradar a todo el mundo todo el tiempo”.
Es una idea irrealista porque es imposible agradar a todo el mundo siempre y además tampoco nos hace falta.
Si la otra persona se enfada porque le hemos dicho que no, el problema entonces será suyo y no nuestro, pues simplemente hemos sido acordes con nuestro criterio. Además, igual que nosotros tenemos derecho a decir que no, el otro también tiene derecho a enfadarse y hemos de aceptarlo.
Hay un refrán que dice “más vale ponerse una vez colorado que cientos amarillo” y tiene mucha razón.
Muchas veces soportamos ciertos comportamientos por parte de los demás o actuamos en contra de nuestros deseos, no vaya a ser que el otro se enfade… algo que sería terrible e insoportable, y al final el que se acaba enfadando eres tú, y todo por miedo.
Hay que ser valientes
Más vale ser valiente y decir lo que uno piensa o siente, porque si no, al final lo que ocurrirá, es que tu vaso rebosará y tendrás un comportamiento agresivo con los otros, lo que sí hará que los demás se alejen de ti. De tanto temer el rechazo, al final obtendrás rechazos.
Hay que ser valientes y decir no
Existen en psicología algunas técnicas asertivas, que si las practicamos el suficiente tiempo, acabarán integrándose en nuestro comportamiento habitual y harán que finalmente nos sintamos mejor con nosotros mismos y también con los demás.
Una de las técnicas empleadas para aprender a decir no es “el disco rayado”. Consiste en repetir lo que pensamos sin dejarnos llevar por las maniobras verbales del interlocutor.
Si, por ejemplo, no queremos prestar nuestro coche a un amigo que nos lo pide como favor, deberemos ser persistentes en decirle que lo sentimos mucho y que entendemos que necesite el coche, pero que no queremos dejarlo, ni a él, ni a otra persona. Eso sí, podemos ofrecerle otras alternativas, colaborando con su demanda.
Es muy importante que esto se haga con un comportamiento no verbal coherente, seguro de uno mismo, directo, claro y mirando a los ojos, porque no hay nada que temer. El rechazo del otro no nos va a matar.
La otra persona, intentará darnos razones de por qué lo necesita tanto o nos intentará convencer de que lo va a cuidar, etc. Pero aún así, no debemos ceder si es que nuestro deseo es no prestarlo. Finalmente, de tanto repetir la misma idea, la otra persona acaba cansándose y deja de insistir.
Quizá el lector ahora mismo esté pensando, ¿pero esto no es muy egoísta? La respuesta es no. No debemos confundir las cosas: ayudar y colaborar sí, perder la libertad personal, no.
Se nos ha enseñado desde pequeños que hay que agradar a los demás casi a cualquier precio, y que hay que decir sí aunque realmente queramos decir no, porque “que van a pensar los demás”…
En este sentido, hay que tener claro, que lo que piensen los demás, son solo pensamientos, no son realidades. Y como hemos dicho antes, cada cual es libre de pensar lo que quiera y nosotros no podemos controlar eso…por lo tanto aceptemos que a veces nuestro no, tendrá consecuencias. Es el precio de la libertad.
Ser colaborativo, ayudar de vez en cuando o hacer un favor está muy bien siempre que salga de uno mismo y porque nos apetece.
Si no practicásemos algunas veces el “hoy por ti y mañana por mí”, las relaciones sociales seguramente quedarían muy deterioradas, pero como todo en la vida, el equilibrio es esencial y todo tiene un límite.
El problema es que a veces nos pasamos, y llegamos a decir que sí a todo lo que los demás nos piden, proponen o incluso imponen, y es aquí cuando nos perdemos a nosotros mismos, dejando de lado nuestros deseos y nuestros criterios.
En el fondo, este comportamiento se produce por el miedo al rechazo o a que los demás no nos aprueben o acepten.
Ser aprobado y no rechazado es, evidentemente, algo deseable y agradable. Si en los tiempos de las cavernas el grupo nos hubiese rechazado, habríamos sido fácilmente devorados por las fieras.
Por lo tanto, tiene su ventaja evolutiva que ha quedado grabada en nosotros como una huella que sigue haciéndonos actuar de una forma que hoy en día ya no nos beneficia. Para liberarse de este comportamiento, hemos de practicar la asertividad.
La asertividad es la capacidad de expresar nuestros derechos, opiniones, deseos…de una forma directa y congruente sin herir los derechos de los demás.
Aprender a decir que no, es esencial para empezar a dejar de faltarnos al respeto a nosotros mismos
Es cierto que a veces nos puede resultar muy difícil dar como respuesta un no a alguien que nos está demandando algo, pero es solo por la absurda idea de que “debo agradar a todo el mundo todo el tiempo”.
Es una idea irrealista porque es imposible agradar a todo el mundo siempre y además tampoco nos hace falta.
Si la otra persona se enfada porque le hemos dicho que no, el problema entonces será suyo y no nuestro, pues simplemente hemos sido acordes con nuestro criterio. Además, igual que nosotros tenemos derecho a decir que no, el otro también tiene derecho a enfadarse y hemos de aceptarlo.
Hay un refrán que dice “más vale ponerse una vez colorado que cientos amarillo” y tiene mucha razón.
Muchas veces soportamos ciertos comportamientos por parte de los demás o actuamos en contra de nuestros deseos, no vaya a ser que el otro se enfade… algo que sería terrible e insoportable, y al final el que se acaba enfadando eres tú, y todo por miedo.
Hay que ser valientes
Más vale ser valiente y decir lo que uno piensa o siente, porque si no, al final lo que ocurrirá, es que tu vaso rebosará y tendrás un comportamiento agresivo con los otros, lo que sí hará que los demás se alejen de ti. De tanto temer el rechazo, al final obtendrás rechazos.
Hay que ser valientes y decir no
Existen en psicología algunas técnicas asertivas, que si las practicamos el suficiente tiempo, acabarán integrándose en nuestro comportamiento habitual y harán que finalmente nos sintamos mejor con nosotros mismos y también con los demás.
Una de las técnicas empleadas para aprender a decir no es “el disco rayado”. Consiste en repetir lo que pensamos sin dejarnos llevar por las maniobras verbales del interlocutor.
Si, por ejemplo, no queremos prestar nuestro coche a un amigo que nos lo pide como favor, deberemos ser persistentes en decirle que lo sentimos mucho y que entendemos que necesite el coche, pero que no queremos dejarlo, ni a él, ni a otra persona. Eso sí, podemos ofrecerle otras alternativas, colaborando con su demanda.
Es muy importante que esto se haga con un comportamiento no verbal coherente, seguro de uno mismo, directo, claro y mirando a los ojos, porque no hay nada que temer. El rechazo del otro no nos va a matar.
La otra persona, intentará darnos razones de por qué lo necesita tanto o nos intentará convencer de que lo va a cuidar, etc. Pero aún así, no debemos ceder si es que nuestro deseo es no prestarlo. Finalmente, de tanto repetir la misma idea, la otra persona acaba cansándose y deja de insistir.
Quizá el lector ahora mismo esté pensando, ¿pero esto no es muy egoísta? La respuesta es no. No debemos confundir las cosas: ayudar y colaborar sí, perder la libertad personal, no.
Se nos ha enseñado desde pequeños que hay que agradar a los demás casi a cualquier precio, y que hay que decir sí aunque realmente queramos decir no, porque “que van a pensar los demás”…
En este sentido, hay que tener claro, que lo que piensen los demás, son solo pensamientos, no son realidades. Y como hemos dicho antes, cada cual es libre de pensar lo que quiera y nosotros no podemos controlar eso…por lo tanto aceptemos que a veces nuestro no, tendrá consecuencias. Es el precio de la libertad.
miércoles, 2 de septiembre de 2015
"Escuchar el silencio es uno de los ejercicios que recomiendo para desarrollar ese sexto sentido, tercer ojo, o mirar hacia dentro de uno mismo. Hay que relajarse y advertir la conversación interior. Detenerse en medio de una frase y quedarse en blanco. Claro que en pocos segundos el comentarista interno creará más comentarios, armando otras escenas con amigos y enemigos. En ese momento hay que ponerse en blanco nuevamente. Cuando uno logra suspender la charla repetitiva, hay que empezar a escuchar el silencio. Al principio parecerá un zumbido o una sutil vibración. Aconsejo comenzar a oír lo que ocurre por detrás de esa vibración y entrar en contacto con un lugar tenue y sereno. Puede ser que las primeras veces uno se sobresalte y pierda el contacto. No hay que preocuparse: hay que ingresar nuevamente, aprender a soportarlo y fusionarse con él. Cuando uno sea capaz de pasar un tiempo en ese lugar silencioso comenzará a percibir ideas y deseos, los productos genuinos de su voz intuitiva que surgen de ese conocimiento directo y profundo de uno mismo."
lunes, 31 de agosto de 2015
Elizabeth Gilbert
“La gente cree que un alma gemela es la persona con la que encajas perfectamente, que es lo que quiere todo el mundo. Pero un alma gemela auténtica es un espejo, es la persona que te saca todo lo que tienes reprimido, que te hace volver la mirada hacia dentro para que puedas cambiar tu vida. Una verdadera alma gemela es, seguramente, la persona más importante que vayas a conocer en tu vida, porque te tira abajo todos los muros y te despierta de un portazo.”
Gabriel García Márquez
"Puedes ser solamente una persona para el mundo, pero para una persona tú eres el mundo."
domingo, 30 de agosto de 2015
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