lunes, 22 de diciembre de 2014

Temía estar solo, hasta que aprendí a quererme a mí mismo.

Temía fracasar, hasta que me di cuenta que 

únicamente fracaso cuando no lo intento.

Temía lo que la gente opinara de mí, hasta 

que me di cuenta que de todos modos opinan.

Temía me rechazaran, hasta que entendí 

que debía tener fe en mi mismo.

Temía al dolor, hasta que aprendí que 

éste es necesario para crecer.

Temía a la verdad, hasta que descubrí la fealdad de las mentiras.


Temía a la muerte, hasta que aprendí que no es el final, 

sino más bien el comienzo.

Temía al odio, hasta que me di cuenta 

que no es otra cosa más que ignorancia.

Temía al ridículo, hasta que aprendí a reírme de mí mismo.


Temía hacerme viejo, hasta que 

comprendí que ganaba sabiduría día a día.

Temía al pasado, hasta que comprendí que 

es sólo mi proyección mental y ya 
no puede herirme más.

Temía a la oscuridad, hasta 

que vi la belleza de la luz de una estrella.

Temía al cambio, hasta que vi que 

aún la mariposa más hermosa necesitaba 
pasar por una metamorfosis antes de volar.

Hagamos que nuestras vidas cada día tengan mas vida y 

si nos sentimos desfallecer 
no olvidemos que al final siempre hay algo más.

Hay que vivir plenamente porque la vida pasa pronto.


Ernest Hemingway

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